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Entrevista a Carmen Berasain

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- La verdad es que no soy consciente de cuando surgió, pero siempre me han gustado las ciencias y he sentido curiosidad por entender cómo funciona la vida. Mi decisión de estudiar Biología fue firme, a pesar de que a mis padres les hubiera gustado que estudiara algo «más práctico y fácil de encontrar trabajo» como Químicas. La realidad es que creo que soy una afortunada, porque a pesar de los obstáculos para poder llevar adelante los proyectos de investigación, disfruto con mi trabajo, no dejo de asombrarme cada día con la complejidad de la biología y es gratificante el poder seguir constantemente aprendiendo.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Estudié Biología en la Universidad de Navarra (UN) y tras finalizar la carrera un catedrático de Genética me propuso realizar un curso de Especialista en Mejora Genética Animal en el INIA en Madrid. Finalizado el curso se me plantearon dos alternativas: 1) marcharme a Edimburgo para realizar la tesis doctoral sobre Mejora Genética, o 2) entrar en el emergente departamento de Medicina Interna de la UN dirigido por el Dr. Jesús Prieto para realizar la tesis bajo la dirección del Dr. Francisco Borrás. Opté por esta segunda opción. ¿Fue la mejor? En aquel momento así lo consideré y mi vida es hoy lo que es gracias a ella. No me arrepiento.

Durante mi tesis desarrollé un kit de diagnóstico para la hepatitis C que fue patentado y se llegó a comercializar. Tras defender la tesis y promovida por Jesús Prieto realicé una corta estancia en el laboratorio del Dr. Marcos Rojkind en el Albert Einstein Institute de Nueva York familiarizándome con las técnicas de estudio de la fibrosis hepática. Ya en 1995 con mi primer hijo recién nacido me trasladé a París para realizar una estancia postdoctoral de 2 años en el laboratorio del Dr. Christian Brèchot en la Facultad de Medicina del Hospital Necker Enfants Malades. Allí adquirí experiencia en técnicas de biología molecular y en el ciclo celular, caracterizando el papel oncogénico de una proteína de fusión generada tras la integración del genoma del virus de la hepatitis B en el gen de la ciclina A. A mi regreso me reincorporé en el departamento de Medicina Interna, amplié mi familia con la llegada de los gemelos e inicié diferentes proyectos de investigación encaminados a la caracterización molecular de las enfermedades hepáticas crónicas con especial interés en el proceso de transformación neoplásica o hepatocarcinogénesis, el proceso de desdiferenciación de los hepatocitos y la capacidad de regeneración del hígado. Desde la creación del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) dirijo un laboratorio en la División de Hepatología donde trabajo en estrecha colaboración con el grupo del Dr. Matías Ávila. He dirigido 6 tesis doctorales y nuestro trabajo ha dado lugar a más de 60 publicaciones en revistas de alto impacto y a 6 solicitudes de patente. Desde 2011 soy Catedrático de Bioquímica y soy profesora responsable de la asignatura obligatoria Patología Molecular que se imparte en el tercer curso del grado de Bioquímica.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- En realidad pueden ser muchas y no siempre se dan todas o en la misma proporción.
Ilusión y vocación: es un trabajo exigente y competitivo que requiere mucha dedicación, concentración y energía que son difíciles de invertir si no se va a disfrutar con el trabajo. Los resultados positivos son pocos y tienes que creer en lo que haces y tener afán por descubrir para poder superar constantemente las desilusiones, los contratiempos y los resultados negativos.

Rigor y honestidad: es fundamental ser capaz de aceptar los resultados tal y como son aunque sean negativos o contrarios a tus hipótesis. Hay que estar preparado para ver tu trabajo publicado por otros y para aceptar los resultados de los demás. Hay que ser muy crítico con uno mismo, ser exquisito en los controles y reconocer los errores.

Curiosidad y apertura de pensamiento: hay que indagar siempre. Cuando salen bien las cosas para entender cómo funcionan y consolidar conceptos. Cuando no salen para intentar corregirlas o establecer nuevas hipótesis. No hay que conformarse nunca, siempre hay algo más que aprender y no hay que ofuscarse. Hay que estudiar, estudiar y estudiar. Otros han podido encontrar ya las respuestas, o te pueden dar luz, incluso desde campos o con tecnologías ajenas a tu especialidad.

Capacidad de observación e intuición: muchos de los grandes científicos lo son por su gran capacidad para reconocer los indicios. Separar lo grande, lo evidente y ser capaz de deducir lo intangible.
Tesón y paciencia: esperar, repetir, replantear, confirmar… son verbos de cada día en nuestro trabajo. La investigación es una carrera de fondo y con obstáculos. De poquitos a poquitos y a largo plazo: planteamiento de las hipótesis, puesta a punto de las técnicas, planificación de los experimentos, interpretación de los datos, confirmación de los resultados… los descubrimientos se hacen esperar y hay que validarlos.

Capacidad de planificación: es verdad que muchos resultados surgen por casualidad o de forma inesperada, pero cuando planteas un experimento tienes que tener en cuenta todas las variables, establecer todos los controles necesarios y además optimizar gastos, tiempo y esfuerzo.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Es un gran compromiso dar consejos, pero si te gusta adelante. ¿Qué hay fácil en la vida? Intenta superarte cada día y ser el mejor en lo que haces. Lo que está claro es que siempre vas a tener tema para investigar. Sólo una cosa, quizás no lo puedas hacer dónde te hubiera gustado. Para investigar es fundamental el dinero y por desgracia nuestro país no se caracteriza por priorizar la inversión en investigación.  

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Nuestra investigación se centra en el área de la hepatología. El hígado es un órgano altamente diferenciado y especializado que realiza funciones vitales como son el mantenimiento del metabolismo de la glucosa y de las grasas, la detoxificación de xenobióticos, la síntesis de proteínas séricas, etc. Numerosos factores, como las infecciones virales, el excesivo consumo de alcohol o de fármacos o la obesidad (la gran epidemia de nuestros siglo), inducen la muerte de los hepatocitos y la consecuente pérdida de función del hígado. En un primer momento los hepatocitos remanentes son capaces de regenerar para recuperar la función perdida, pero si los insultos persisten se produce un daño crónico, los hepatocitos muertos son sustituidos por tejido fibroso se desarrolla cirrosis y se produce la transformación maligna desarrollándose los hepatocarcinomas (HCC). Nuestro grupo ha demostrado que durante el daño crónico los hepatocitos que no mueren sufren un proceso de des-diferenciación que participa en la pérdida de función. En nuestro último trabajo hemos demostrado que la proteína SLU7, conocida por su función como factor de splicing es fundamental para el mantenimiento del fenotipo diferenciado y funcional del hígado y su expresión se encuentra disminuida en la cirrosis y el HCC. En la actualidad estamos profundizando en el conocimiento de la función de SLU7 en el hígado y las patologías asociadas, así como en los mecanismos que regulan su expresión. También estamos estudiando cuales podrían ser las consecuencias de la manipulación de la expresión de SLU7 en el desarrollo de diferentes patologías. Nuestros trabajos también han demostrado que el factor de crecimiento anfirregulina (AR) se induce en el hígado dañado para protegerlo e inducir la regeneración, pero que la expresión sostenida de AR durante el daño crónico participa en el desarrollo de la fibrosis y el HCC. Continuamos caracterizando el papel de la AR en la fisiopatología hepática y en concreto su papel en las alteraciones metabólicas asociadas a la obesidad.  

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Es uno de los problemas que se te plantean cuando tienes que orientar a un alumno o a un conocido que quiere hacer investigación. El inicio está claro: primero haz la tesis y después haz una estancia postdoctoral en el extranjero. A partir de aquí empiezan los problemas. ¿Todo esto para qué? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿A qué plazas puede optar un investigador en nuestro país? ¿Puede continuar realizando su trabajo? ¿Cuál puede ser su meta profesional?

La realidad es que en la situación actual nuestros doctores, cuya formación es reconocida internacionalmente, se ven forzados a permanecer en el extranjero en estancias postdoctorales «permanentes».

En mi opinión esta situación es el resultado no sólo de la coyuntura de crisis económica actual, sino también de la propia idiosincrasia de nuestro país.

A mi juicio uno de los problemas que limita la carrera investigadora en nuestro país es la endogamia y el funcionariado de nuestras Universidades. En la mayoría de los casos las plazas no se ganan por méritos sino por metros. Cuanto más cerca has estado del jefe de departamento más probabilidades tienes de sacar la plaza. Además, muchos profesores universitarios han olvidado que junto a la transmisión de conocimiento y formación de profesionales, la Universidad se debe a la investigación académica para generar conocimiento e innovación, imprescindibles para asegurar una docencia de calidad y la creación de riqueza.

Por otro lado y como es evidente la investigación de calidad requiere mucho dinero y nuestros gobiernos no se caracterizan por priorizar la financiación de la investigación. Desde la Administración Pública ésta debería abordarse como un asunto de estado que no puede ser fruto de la improvisación, debe plantearse a largo plazo, debe proporcionar estabilidad y además debe facilitar y favorecer la inversión privada tanto del sector industrial como de la sociedad en general.

De hecho otro problema en nuestro país es que no existe una consideración o reconocimiento social de la investigación. No se sabe qué hacemos y para qué lo hacemos y lo que es peor no se considera que lo que hacemos sea necesario. Conocimiento, innovación y desarrollo no se asocian a productividad y riqueza. En otros países en los que la ciencia se considera generadora de bien social, existe una implicación importante de la sociedad en general en su financiación.