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Entrevista a Carlos Lopez-Otín

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Nací en Sabiñánigo, un pueblo del Pirineo Aragonés rodeado de una Naturaleza impresionante que despertaba la curiosidad por la vida y en el que la actividad giraba en torno a unas fábricas de productos químicos. En aquella época, las oportunidades de llegar a estudiar en la Universidad eran mínimas, pero en mi familia siempre hubo un gran aprecio por valores como el esfuerzo, la dedicación o el estudio. Impulsado por ellos y por los profesores del Instituto de mi pueblo, empecé estudiando Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza, probablemente con la idea futura de volver a casa a trabajar en alguna de aquellas fábricas; algo así como alcanzar un cierto progreso social a través del estudio. En Zaragoza encontré un profesor, Don Horacio Marco, que me abrió los ojos a una forma de aproximarse al estudio molecular de la vida que yo desconocía y me aconsejó trasladarme a Madrid a estudiar Bioquímica. Seguí su consejo, llegué a la Universidad Complutense, y allí encontré un grupo de profesores extraordinarios que decidieron para siempre mi propia vocación científica.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Realicé mi Tesis Doctoral en el Centro Ramón y Cajal de Madrid bajo la dirección de Enrique Méndez, trabajé después con Eladio Viñuela en el Centro de Biología Molecular «Severo Ochoa» de Madrid. He trabajado también en las Universidades de Lund (Suecia), Nueva York y Harvard, pero la mayor parte de mi labor profesional se ha desarrollado en la Universidad de Oviedo, a la que me incorporé en 1987 y en la que todavía sigo.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Curiosidad, intuición, dedicación y compromiso con la Ciencia.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Hace casi 20 años, iniciamos de manera muy modesta un estudio dirigido a explorar la idea de que las proteasas podían desempeñar un papel fundamental en la progresión del cáncer. El proyecto fue creciendo a medida que fuimos descubriendo nuevos genes humanos codificantes de proteasas, cuya expresión se encontraba profundamente alterada en el cáncer o en otras enfermedades. Pacientemente, comenzamos el estudio funcional de las distintas proteasas que íbamos identificando, lo cual nos permitió descifrar algunas claves acerca de su contribución a la progresión tumoral. Además, y de manera sorprendente, encontramos algunos casos en los que las proteasas desempeñan funciones protectoras y no promotoras durante la carcinogénesis. También de manera sorprendente, pudimos observar que algunas proteasas identificadas inicialmente en nuestro laboratorio por sus alteraciones en el cáncer, desempeñan funciones decisivas en procesos tan diversos como el metabolismo del hierro, la formación de los huesos, la percepción del dolor o el control del envejecimiento del organismo. En cualquier caso, la complejidad subyacente a los sistemas proteolíticos ha sido de tal magnitud, que nos ha obligado a introducir conceptos como el del degradoma, para tratar de poner dimensiones y desarrollar procedimientos que nos permitan analizar de manera global lo que definimos como el Universo proteolítico. A su vez, estas miradas globales a los genes de proteasas nos han llevado a la anotación y comparación de genomas, al análisis de su evolución y ya muy recientemente, en un afán de integración de todo lo que hemos tratado de aprender en estos años, al estudio general de los genomas del cáncer.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Son muchas las contribuciones que han cambiado nuestra forma de entender la vida, pero de todas ellas escogería el descubrimiento de la estructura en doble hélice del ADN, realizado en 1953 por James Watson y Francis Crick. Este hallazgo decisivo y simbólico, marcó el inicio de una nueva era en la investigación biológica.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Ahora es un momento difícil para responder a esta pregunta porque la crisis general que amenaza con arrastrarlo todo, puede vaciar de contenido una serie de buenas iniciativas para el progreso de la Ciencia española, incluyendo la instauración de un modelo claro de carrera profesional para los científicos. En cualquier caso, espero que los futuros modelos se construyan sobre premisas que impliquen un apoyo sólido a las Universidades, por ser las verdaderas canteras de la Ciencia más que meras Academias de formación, en las que cada vez resulta más difícil llevar a cabo una investigación mínimamente competitiva. Asimismo, espero que los jóvenes comprometidos con la investigación científica tengan las mejores oportunidades y condiciones para desarrollar sus ideas, pues de ellos depende nuestro futuro.