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Entrevista a Bernardo Herradón

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Por lo que recuerdo siempre quise ser químico, desde la primera vez que estudié química, cuando tenía 12-13 años. No fue por tener un profesor motivador, simplemente que debí apreciar algo de la química que la hizo muy atractiva. Luego no me he arrepentido, pues siempre me ha gustado mucho la creatividad de la química.

Ahora que soy más mayor, hay aspectos que también me atraen muchísimo, como son la filosofía de la química (pensar en los fundamentos de la ciencia), el desarrollo histórico de los conceptos químicos, y cómo transmitirla al público general y especialmente a los estudiantes de secundaria. Estas tres facetas hacen que prácticamente cada día mi vocación científica se renueve. 

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? 

R.- Las razones para investigar han sido dos. Investigo en lo que me divierte y en lo que aprendo algo.
Esto ha hecho que mi investigación haya ido evolucionando. Cuando creía que ya había aprendido suficiente de un tema, lo abandonaba; empezando a investigar en otros aspectos. Tampoco han sido saltos bruscos en la investigación; sino que fue el resultado de una evolución.

Algunos temas en los que investigué en el pasado son: biocatálisis en síntesis orgánica; transformaciones usando infraestructuras quirales (carbohidratos, hidroxiácidos y aminoácidos); transposiciones sigmatrópicas (reacciones de Claisen y Overman); transformaciones selectivas promovidas por radiación microondas; desarrollo de columnas de inmunoafinidad para el aislamiento de contaminantes orgánico persistentes; y reacción de Wittig y aplicaciones sintéticas de los productos de olefinación.

En los últimos años mi investigación se ha ido desplazando desde la síntesis orgánica a la química orgánica física, especialmente en aspectos que relacionan la estructura con las propiedades. Los temas actuales de investigación en mi grupo son: toxicología computacional; síntesis de compuestos interesantes por sus propiedades (arenos, heterociclos, carbohidratos, carbociclos, péptidos, e híbridos péptido-molde); química orgánica física (estudios computacionales, cinéticas de equilibrios conformacionales, interacciones no covalentes, cristalografía); compuestos biológicamente activos (inhibidores de proteasas, antivirales y antimaláricos); y materiales híbridos orgánico-inorgánico nanoestructurados.

Nunca he querido ser el «super-especialista» en un tema restringido, sino que he preferido conocer un poco de muchos temas. Sé que esta «filosofía» investigadora no es la más adecuada para tener un CV con muchísimas publicaciones. Otra de las características de mi CV es que mis publicaciones son muy extensas, no fragmento resultados, no me gustan las comunicaciones preliminares incompletas, y creo que tengo algún record de publicaciones largas (describiendo muchos compuestos nuevos) en las revistas en las que he publicado. 

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- La humildad y la generosidad.

Aunque es muy importante que un científico trabaje y piense duramente, esté al día en la bibliografía en su tema de investigación, sea imaginativo, etc.; es decir, las «cualidades típicas» que todos asociamos a un científico; yo destaco las dos que he indicado antes.

¿Por qué? En primer lugar, los científicos de la naturaleza intentamos comprender lo más grande: el universo, sus leyes y comportamiento. Frente a este objetivo tan elevado, nosotros sólo podemos ser humildes.

Hay que ser generoso (especialmente los científicos de cierta edad como yo), pues me gusta pensar que estamos trabajando para hacer un mundo mejor para las próximas generaciones, empezando por nuestros estudiantes y colaboradores más jóvenes a los que también tenemos que transmitir estas cualidades.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Que tengan ilusión en el trabajo que están realizando.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- El desarrollo de la mecánica cuántica (desde Planck a Born), con las implicaciones que tuvo en la física y la química al principio; posteriormente, en biología; y actualmente, en la ciencia de los materiales. Desde el punto de vista de un químico, dentro de los avances de la mecánica cuántica, destaco la explicación del efecto fotoeléctrico por Einstein y la ecuación de ondas de Schrödinger. 

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R-. Si hay que definir la carrera científica en España con una palabra, sería «incertidumbre».
¿Cuáles son las características de la ciencia en España? Falta de tradición, mucha improvisación, e inseguridad presupuestaria.

Mientras no cambien estas malas costumbres, no tendremos ciencia de calidad. A pesar de estas deficiencias estructurales, el nivel científico de la ciencia española es medio-alto; pero nos falta impacto a nivel mundial. Nos faltan los grandes investigadores y grupos que sean líderes mundiales en su especialidad. Nos falta transferir conocimiento a la sociedad a través de la participación de empresas en proyectos innovadores.

La ciencia española adolece de una preocupante falta de investigadores. La ciencia puntera mundial sale de una gran masa crítica de investigadores de nivel medio-alto.

Habría que aumentar el número de científicos españoles en varias decenas de miles. La mayoría de ellos deberían ser contratados por empresas innovadoras (otra necesidad del sistema científico español). Para llegar a esta situación nos faltan varias generaciones, pero tenemos que ir avanzando. Lo que está pasando en estos dos últimos años, con las rebajas presupuestarias, es muy preocupante pues está suponiendo un parón, especialmente en las perspectivas de los investigadores jóvenes.

¿Cómo alcanzamos ese suficiente número de investigadores? Con inversión seria y continuada en ciencia. Debemos motivar a los licenciados a hacer una tesis doctoral. Debe aumentar el número de becas predoctorales. Luego tiene que haber suficiente inversión en ciencia para que los jóvenes se den cuenta de que hay perspectivas de futuro.