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Entrevista a Antonio Ferrer Montiel

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Recuerdo muy bien que mi vocación científica surgió durante mis estudios de bachiller y COU, tan pronto como descubrí la Bioquímica y la Biología Molecular. Sin saber muy bien me enamoré de esta disciplina y todo mi sueño era poder algún día investigar en este campo. Me suscribí a la revista Investigación y Ciencia en la que devoraba con apetito desmesurado todos los artículos que hacían alusión a la biología molecular, aunque también me gustaba ampliar mi conocimiento leyendo artículos de otras disciplinas que publicaba la revista. Esta vocación fue incrementándose durante mis estudios en Ciencias Químicas (orientación Bioquímica) en la Universidad de Alicante. Tras licenciarme, no dudé en trasladarme a la Facultad de Medicina a realizar mi tesis doctoral, dándole una orientación más biomédica y menos química. Fue a partir de entonces donde la vocación se consolidó y se reforzó sustancialmente. Y he de agradecer a mis maestros, los Profs. Ferragut, González Ros y Montal, por haber compartido conmigo su entusiasmo por la ciencia y por haberme inculcado los principios de ésta. Y no puedo dejar de mencionar, por su relevancia en mi carrera, el impacto e inspiración que Severo Ochoa, Alberto Sols y Santiago Ramón y Cajal tuvieron sobre mi vocación científica, eran y son un referente..

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Me licencié en Ciencias Químicas por la Universidad de Alicante en el año 1985, doctorándome en el año 1989. Mi tesis doctoral versó sobre los mecanismos implicados en la quimiorresistencia de los tumores. Posteriormente me trasladé al Departamento de Física de la Universidad de California en San Diego para realizar una estancia postdoctoral de 2 años que acabó siendo de ocho, en parte debido a las dificultades económicas que atravesaba España en los años 90 (fuerte crisis económica y alto paro 25.6%), que hacían imposible encontrar trabajo. En California me introduje en el campo de los canales iónicos, un área que también me fascinó. En el año 1997, y aprovechando la creación de la Universidad Miguel Hernández en Elche, volví a España para incorporarme al Instituto de Biología Molecular y Celular, en el que llevo desarrollando mi investigación desde entonces.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- En mi opinión para ser un buen investigador hay que ser curioso, teniendo la necesidad de averiguar y comprender aquello que se desconoce. En mi caso es conocer cómo funciona la naturaleza para, con este conocimiento, poder imitarla. Además de esa curiosidad sana por desvelar los secretos de la vida, otras características importantes de un buen investigador son la constancia y la tenacidad, no vale desfallecer y abandonar cuando las cosas no van bien, hay que seguir luchando para llegar a la meta que nos hemos fijado. No menos relevante son las ganas de aprender cada día. Y, por último, también es muy importante la honestidad y un alto nivel de ética. En ciencia no vale y no debe de valer todo. Hemos de respetar y cumplir con unos códigos de conducta que, aunque no estén escritos, todos creo que conocemos. .

P.- ¿Podría describirnos brevemente cuál es su línea de investigación actual?

R.- Actualmente, mi interés científico se centra en comprender a nivel molecular los mecanismos de transducción del dolor con el fin de poder dar soluciones terapéuticas que alivien los síntomas de las personas que los sufren. El dolor ha sido tradicionalmente considerado como un síntoma asociado a una patología más que una enfermedad. Sin embargo, en los últimos años, la medicina ha comenzado a reconocer el dolor crónico como una verdadera patología que necesita tratamientos específicos, dada la diversidad de patogenias implicadas. Nuestro grupo está desvelando los mecanismos moleculares implicados en la patogenia del dolor inflamatorio, validando dianas terapéuticas y utilizando éstas para identificar compuestos que puedan ser desarrollados como analgésicos. Hay que tener en cuenta que en los últimos años no se han producido avances significativos en el arsenal farmacológico para tratar el dolor, estando todavía centrado en los antiinflamatorios no esteroideos y los narcóticos. Los efectos secundarios que presentan estos medicamentos, unidos a su falta de eficacia en algunos tipos de dolor crónico, hacen necesario el desarrollo de mejores fármacos analgésicos. Y, en este sentido, las compañías farmacéuticas están invirtiendo cantidades importantes en I+D+i. Es esperable que los avances realizados en los últimos años rindan mejores tratamientos analgésicos en el futuro. En cualquier caso, las nuevas terapias deberán distinguir entre el dolor «bueno», que nos protege frente agresiones externas, y el dolor «malo» que nos debilita y nos anula; este es el verdadero reto

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance del siglo XX?

R.- En el siglo XX ha habido un gran número de avances rompedores gracias a los cuales la Bioquímica y Biología Molecular ha progresado tanto. Es difícil seleccionar uno de ellos, pues todos han sido, en mi opinión, igual de significativos. Pero, si he de hacerlo, creo que me quedaría con la doble hélice de Watson y Crick, representa realmente un descubrimiento clave que ha propulsado el progreso de la Biología Molecular tal y como la vemos ahora. Habría que unir a este hito el desciframiento del código genético, que también ha sido clave para el avance científico del último siglo, permitiendo, por ejemplo, el avance de la Ingeniería Genética y la Biotecnología. .

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- La ciencia española ha progresado notablemente en los últimos años. La contribución de nuestros científicos es, sin duda, ampliamente reconocida internacionalmente, como se desprende de todos los indicadores que se pueden analizar (número de publicaciones, índices de impacto, etc.). No obstante, creo que a España le falta, fundamentalmente, una concienciación en innovación. De la suma I+D+i, creo que estamos en un nivel excelente en I+D, pero apenas hemos hecho los deberes con la «i», aunque la situación está cambiando sustancialmente. La parte de innovación, entendida como la transferencia de los resultados científicos a la sociedad, es un tema que los científicos hemos apartado tradicionalmente, pensando que debía ser abordado por el sector privado. En una ocasión una estudiante de Historia me comentó que uno de sus profesores había dicho en clase «la ciencia es la letra muerta mientras no le siga la aplicación práctica»; y creo que tiene mucha razón. Y en la «aplicación práctica» de la ciencia aún le queda a este país un largo camino por recorrer, que debe empezar por un cambio de mentalidad de los científicos que habrían de dejar de considerar la dualidad ciencia básica y ciencia aplicada y pensar más en la ciencia y sus aplicaciones; sólo así, podremos darle un impulso a la innovación, trasladando todo el conocimiento generado en los laboratorios a nuestra sociedad.