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Entrevista a Ángel L. Corbí López

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Creo que nunca tuve una vocación científica como tal, sino que fué el contacto fortuito con excelentes investigadores, y una vez finalizada mi licenciatura, la que me impulsó a seguir sus pasos. Mi acercamiento inicial al mundo de la investigación en el ámbito académico no resultó satisfactoria a nivel personal, razón por la que me incorporé como técnico de laboratorio a una empresa (Abelló S.A.) a poco de terminar dicha licenciatura. Y fué en el entorno de esta empresa donde, gracias a la interacción con científicos dedicados a la investigación básica y aplicada, y al apoyo incondicional que me prestaron, me dí cuenta de que la investigación puede llegar a ser una actividad lúdica e incluso adictiva.

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Sin lugar a dudas, todo el entorno de trabajo en Abelló S.A. fué decisivo para que me decantase por la actividad investigadora. Y de manera especial los Drs. Rosa Ayuso, Carmelo Bernabéu, Victoria Ley, José Antonio Melero, Francisco Sánchez-Madrid, y mi director de tesis doctoral José Carreira. Y me gusta pensar que la breve relación mantenida con el Dr. Angel Martín Municio (ponente de mi tesis Doctoral) influyó de manera decisiva para aumentar mi nivel de auto-exigencia.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Mi consejo sería el mismo que le proporcionaría a cualquier persona que inicie una trayectoria profesional en otro sector: Dedícate con todas tus fuerzas a hacer lo que realmente te gusta, de forma que los lunes por la mañana no tengas la sensación de tener «un trabajo» sino «una diversión (mal) remunerada». Considerando el componente de creatividad que tiene la investigación científica, esta sensación es primordial, y tiene que ir acompañada de grandes dosis de esfuerzo y sacrificio. Mi recomendación para aquellos que entiendan la investigación como un trabajo más (o emprendan la carrera investigadora por falta de otras posibilidades) es que no se planteen emprenderla, por las contínuas frustaciones que normalmente conlleva.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- El laboratorio de «Biología de las Células Mieloides» está actualmente centrado en la estudio de los procesos inflamatorios y, en concreto, en la determinación del papel que juegan los macrófagos en el inicio y la resolución de los procesos inflamatorios. Aunque gran parte de nuestro trabajo se lleva a cabo «in vitro» sobre células humanas, en los últimos años hemos comenzado a extrapolar algunos de nuestros hallazgos a situaciones patológicas en las que la inflamación tiene un papel primordial (cáncer, artritis reumatoide). Así, recientemente hemos identificado moléculas de membrana que son específicamente expresadas por macrófagos implicados tanto en la resolución de la inflamación como en la progresión tumoral, lo que puede permitir, a medio plazo, la generación de reactivos y «agentes biológicos» que posibiliten su eliminación con fines terapéuticos.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- Considerando mi formación como biólogo molecular, es casi obligado que considere la secuenciación del genoma humano como uno de los avances científicos recientes más relevantes, y tanto por su entidad como por su carácter multidisciplinar y de trabajo en equipo. Como consecuencia de este logro, la investigación biomédica ha sufrido un vuelco espectacular, y ha posibilitado el desarrollo de una gran parte de las aproximaciones experimentales rutinarias que se emplean en la actualidad

P.- ¿Cuál es su opinión sobre como está articulada la carrera científica en España?

R.- Como en otros ámbitos de la educación, la carrera científica en España está mal planteada desde el punto de vista conceptual. La laxitud y falta de rigor en muchas de sus fases (especialmente en las relacionadas con el ámbito académico) impiden que valores como la dedicación, el esfuerzo y la excelencia tengan su recompensa. Y tampoco es positiva la asunción de que la capacidad para desarrollar una actividad investigadora independiente tenga que estar ligada a la obtención de una posición de «funcionario». Este último hecho, en mi opinión, impide que funcione la «meritocracia» e imposibilita la existencia de un «tenure track» similar al existente en los paises más productivos desde el punto de vista de la investigación científica. Sin lugar a dudas, mi modelo ideal sería el existente en los Estados Unidos, donde la estabilización laboral solo se logra después de haber demostrado suficientemente la capacidad de liderar un grupo de investigación de forma productiva.