Acércate a...

Entrevista a Ana Cuenda

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- No puedo identificar un momento en mi vida en el que pueda decir que surgió mi vocación científica como tal, a lo mejor es que nunca he tenido una vocación científica en el estricto sentido de la palabra… Lo que sí sé es que siempre he tenido una inclinación por las ciencias naturales, me gustaba observar cómo estaban hechas las plantas y las rocas, y sentía curiosidad por saber sobre el comportamiento de los animales, sobre todo de los pequeños. De niña estaba fascinada con la vida de las babosas y los caracoles, unos animales en apariencia tan anodinos, aburridos, lentos y feos, pero que si los estudias un poco descubres lo muy interesantes y diferentes que son a otros animales. Más tarde, en el bachillerato comencé a interesarme mucho por la geología y la paleontología, así es que al terminar el instituto y como la química no era mi fuerte, decidí estudiar Biología en Badajoz, mi ciudad. Fue durante la carrera cuando, gracias a profesores como Carlos Gutiérrez y Fernando Henao (mis directores de tesis) o Mónica de la Fuente, descubrí la bioquímica y la fisiología. Entonces me di cuenta de que me gustaba estudiar cómo funcionaban los seres multicelulares, pero sobre todo lo que realmente me motivaba era entender los mecanismos moleculares y estructurales que en la célula acababan controlando el funcionamiento de todas las facetas de la vida. En ese momento decidí que quería dedicarme a la investigación y hacer la tesis en bioquímica.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Hice la tesis doctoral en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Extremadura y después me fui a hacer una estancia posdoctoral, con una beca de dos años del entonces Ministerio de Educación y Ciencia al laboratorio del Dr. Philip Cohen en la unidad del MRC en Dundee (Escocia). Tras seis años de estancia posdoctoral con Philip, conseguí una plaza de jefe de grupo del MRC y establecí mi grupo en la misma unidad. Estos años fueron determinantes, no sólo en mi formación como científica, sino también en el ámbito personal. Allí permanecí durante cinco años más hasta que, animada por la aparente buena situación económica que España estaba atravesando y por la creciente inversión que parecía que se hacía en ciencia, decidí que había llegado el momento de volver. Gracias a la ayuda de Paco Centeno aterricé en la Universidad de Extremadura, el sitio donde quería establecerme. Tristemente en ese momento donde había estabilidad laboral para los científicos, al menos para mí, era en el CSIC. En noviembre del 2005 obtuve una plaza de científico del CSIC. Tras un año buscando un centro que estuviera dispuesto a acogerme y darme un sitio para establecer mi grupo, en el 2007 me incorporé al CNB como científico emergente donde continúo, ya como investigadora científica, estudiando con mi grupo el papel de las vías de señalización de las p38MAPK en procesos inflamatorios, infecciosos y cáncer, y en la interconexión inflamación-cáncer. Actualmente compagino esta investigación con la dirección del departamento de Inmunología y Oncología, con labores de editora en jefe de la sección de Signaling de la revista Frontiers y con las diferentes actividades que organizamos en la Asociación Apadrina la Ciencia.

¡Claro que no! no repetiría mi trayectoria en su totalidad, aunque sí en lo fundamental. Me gusta investigar, me gusta hacer lo que hago, pero reconozco que he cometido fallos estratégicos y tomado decisiones que no han sido las más acertadas en el momento en el que lo hice y me ha costado tiempo y mucho esfuerzo resolver. Supongo que si volviera a empezar seguro que me gustaría investigar y estudiar algo nuevo, hay tantas cosas diferentes e interesantes en esta vida.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Creo que es importante trabajar duro y ser perseverante; hacerse preguntas relevantes, tener buenas ideas, ser imaginativo, no dejarse atrapar por los dogmas establecidos y sobre todo no desanimarse cuando las ideas no funcionan. También es importantísimo no dejar pasar ese poquito de suerte que todos tenemos en algún momento de nuestra trayectoria científica y saber aprovecharla al máximo. Para mí, el buen científico es también generoso con sus conocimientos y reactivos, está dispuesto a colaborar con otros investigadores para resolver cuestiones científicas comunes, y también dispuesto a ayudar y a promover a los que empiezan. Pero sobre todo, en esta profesión hay que disfrutar con lo que haces e investigar para responder preguntas, y no sólo para acabar proyectos o publicar en revistas internacionales de alto impacto. Investigar en nuevos retos y hacer nuevos descubrimientos tiene que ilusionar, la ciencia debe tener una parte lúdica que te haga disfrutar como a un niño y que nunca se debe perder.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Mi línea de trabajo se centra en el estudio del papel de las vías de señalización de las p38MAPK en procesos inflamatorios, infecciosos y cáncer, y en la interconexión inflamación-cáncer. La inflamación es un proceso clave en numerosas situaciones patológicas, como el cáncer, y fisiológicas, como la reparación de tejidos. La inflamación que ocurre en el momento y lugar adecuados es clave en la respuesta defensiva, sin embargo, una inflamación descontrolada conduce a la enfermedad. El objetivo global de nuestro laboratorio es profundizar en los mecanismos moleculares y celulares de la respuesta inflamatoria en varios escenarios: 1) inflamación crónica que causa cáncer (como el cáncer de colon asociado a colitis), 2) infección por patógenos y 3) inflamación normal en procesos de reparación/regeneración. El grupo de kinasas p38MAPK, compuesto por cuatro miembros: p38α, p38β, p38γ y p38δ, controla multitud de procesos celulares. Sin embargo, se conoce poco sobre la implicación concreta de cada una de las p38MAPK en enfermedades. La identificación de funciones específicas de cada isoforma ayudará a establecer el impacto relativo de las mismas en el desarrollo de diferentes patologías y permitirá definir nuevos biomarcadores y dianas terapéuticas. Los descubrimientos de nuestro laboratorio muestran que p38γ y p38δ son esenciales en la respuesta inmune e indican que pueden ser excelentes dianas para el tratamiento de enfermedades inflamatorias.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Es muy difícil elegir uno de los principales avances científicos del siglo XX. No sabría decir cuál, hay muchos ya que es un periodo en la historia en el que ha habido una gran cantidad de descubrimientos científicos que han cambiado no sólo el conocimiento sino nuestra forma de vida. En este momento, en el siglo XXI hay un avance técnico que me parece en cierta medida revolucionario para la investigación básica, la técnica CRISPR/Cas. Creo que tiene un potencial enorme en agricultura y también en el desarrollo de futuras terapias para curar enfermedades.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Respondiendo a esta pregunta no voy a decir nada nuevo que no hayamos dicho ya muchos investigadores que hacemos ciencia en España. Creo que la carrera científica está mal articulada, en parte debido a la todavía poca cultura científica que hay en nuestro país, y éste es uno de los grandes problemas de nuestro sistema de investigación. Existen algunos programas de becas y contratos que permiten iniciar la carrera científica a unos pocos, pero en etapas posteriores apenas hay mecanismos en nuestro sistema que proporcionen una continuidad laboral a estos jóvenes investigadores. Esto causa frustración, desánimo y, si no el abandono, sí la pérdida para nuestro país de gente muy preparada y con gran potencial. Una vez oí decir en una entrevista a Camilo José Cela que «en España el que resiste, gana», no me acuerdo referido a qué lo dijo, pero tristemente se puede aplicar al ambiente científico que viven aquí los jóvenes, y no tan jóvenes, investigadores… esta es una carrera de resistencia y aguante.
Otro de los mayores problemas que tenemos es la insuficiente financiación continuada, esto nos resta competitividad internacional y genera una sensación de incertidumbre muy negativa para el desarrollo científico y de las ideas. En definitiva la carrera científica en España necesita más apoyo a los investigadores en todas las etapas de la carrera investigadora, buena gestión y financiación estable.