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Entrevista a Ana Aranda

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- En mi familia siempre se consideró muy importante la lectura y el estudio y a mí siempre me interesó todo lo que tenía que ver con la biología y la medicina. Quizás en ello me haya influido el hecho de convivir con mi abuelo materno que era médico y que mi madre, aunque no llegó a terminar la carrera por la situación convulsa del país en aquellos momentos, estudió Farmacia. Mi hija Ana es médico, así que parece haber una cadena genética de biomedicina en la familia que me encantaría que siguiese con mis nietos. Cuando era pequeña, no creo que tuviese más de 11 o 12 años recuerdo haber visto en un libro una foto de una rata normal y otra de su edad que era muy pequeña porque le habían extirpado el tiroides. En ese momento pensé que de mayor querría estudiar por qué le pasaba eso a la rata sin tiroides. Creo que el puro azar permitió que eso ocurriese.   

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R.- Al terminar la carrera, empecé mi tesis doctoral en la Sección de Estudios Tiroideos del Instituto Gregorio Marañón del CSIC bajo la dirección de Emilio Herrera. Cuando acabé la tesis trabajé en el grupo de Gabriella Morreale donde llevé a cabo el primer estudio piloto para la detección neonatal de hipotiroidismo congénito, hasta que me fui a la Universidad de Nueva York a hacer una estancia post-doctoral trabajando sobre los receptores de hormonas tiroideas en el laboratorio de Herbert Samuels. Cuando volvía a Madrid, establecí mi propio en el grupo en el CSIC y aquí sigo, tratando de esclarecer los mecanismos celulares y moleculares por los que los receptores de hormonas tiroideas y otros receptores nucleares regulan la expresión génica y controlan procesos de proliferación y transformación celular. Creo que en general sí repetiría mi carrera investigadora, aunque posiblemente hubiera elegido haber permanecido en Nueva York durante un periodo más largo. De todas maneras es una pena no tener más vidas porque yo en otra me habría dedicado a la medicina y en otra a la evolución de los homínidos que es un tema que me apasiona. Eso aparte de mil cosas interesantes que no tienen que ver con la ciencia.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Entre otras cualidades un buen investigador tiene que ser inteligente, trabajador, tener curiosidad y paciencia y lo que es muy importante saber relacionar hechos y conocimientos diversos. Otra característica fundamental es ser capaz de liderar un grupo de personas y saber mantener un equilibrio entre la frustración y la ambición. Sin ambición científica no es posible ser un buen investigador y es necesario un cierto grado de insatisfacción que permita no conformarse con lo conseguido. Sin embargo, una frustración excesiva puede paralizar al investigador y además hacerle muy desgraciado. Por cierto, para ser un buen investigador, sobre todo en las primeras etapas, se necesita también un cierto grado de habilidad manual. Yo a los jóvenes les diría que investigar es duro y sacrificado, pero que también es divertido y produce muchas satisfacciones.

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del s. XX?

R.- No es fácil contestar a esta pregunta. Como bióloga molecular creo que la resolución de la estructura del DNA y el descubrimiento del código genético han sido fundamentales para sentar las bases de la biología moderna, pero también creo que en otros campos ha habido avances fundamentales que han supuesto un giro copernicano en nuestra comprensión del Universo y me refiero específicamente a la Teoría de la Relatividad. 

P.- ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en que trabaja?

R.- Cuando empecé mi carrera investigadora las distintas ramas de la Biología estaban divididas en compartimentos estancos. En estos momentos las distintas áreas han convergido de una forma insospechada y todo ello se basa en que conocemos que los genes y mecanismos básicos que están implicados en procesos aparentemente tan diferentes como el cáncer o el desarrollo son comunes. Ha sido también muy sorprendente que solamente cuatro factores de transcripción sean suficientes para convertir una célula somática es una célula madre, con la reprogramación epigenética que esto supone.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? 

R.- Falta un modelo claro de carrera profesional para los investigadores que esperemos que se defina en la inminente Ley de la Ciencia. Hay un problema fundamental y es que muchos investigadores son demasiado mayores cuando consiguen un puesto estable y pueden formar su propio grupo. Por ello se pueden malograr muchas carreras científicas. Otro problema que existe, el menos en nuestro campo, es que el sistema prácticamente obliga a que todos ellos formen grupos independientes lo que lleva a la atomización de los grupos y en muchos casos a la falta de competitividad científica con otros grupos de otros países cuya composición es más adecuada. Hay que apoyar por todos los medios a los jóvenes científicos con capacidad de liderazgo porque de ellos dependerá el futuro de la Ciencia y el bienestar social, si nuestro país quiere cambiar la economía del ladrillo por la economía basada en el conocimiento y la innovación.