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Entrevista a Amparo Cano

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Es difícil establecerlo, se podría decir que fue un cúmulo de situaciones e influencias muy importantes durante los últimos años de bachillerato y en la Universidad. De la primera etapa, me gustaría mencionar a mi profesora de ciencias en el colegio de Cieza, Dña. Alicia Montes, que nos inculcó el rigor científico y estimuló mi interés por conocer los fundamentos de la vida, aunque de forma muy amplia. Al llegar a la Universidad de Murcia y durante el primer curso, entonces selectivo, el profesor de Biología, Dr. Francisco Savater, estimuló definitivamente mi interés por las ciencias de la vida, por conocer los fundamentos de la organización celular a nivel bioquímico, lo que me llevó a estudiar Biología para lo que me trasladé a la Universidad de Valencia. Durante el último año de carrera, descubrí la fascinación de la todavía incipiente Biología Molecular, gracias al impulso y entusiasmo de dos jóvenes profesores, Ricardo Flores y Rafael Garro, quienes me estimularon a realizar la tesis doctoral y me recomendaron trasladarme a Madrid. Creo que el seguir aquel consejo y desplazarme a Madrid definió definitivamente mi vocación científica, al tener la enorme suerte de realizar la tesis en el entorno de un grupo entusiasta de jóvenes investigadores (Ángel Pestaña, Roberto Marco y Jesús Sebastián, entre otros) que iniciaban un proyecto tremendamente innovador para la época y el entorno, sobre la biología molecular del desarrollo. 

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en  su  totalidad?

R.- Realicé la Tesis Doctoral en el entonces Instituto de Enzimología del CSIC, bajo la dirección del Dr. Angel Pestaña sobre acetilación de histonas en el desarrollo del crustáceo Artemia. Me trasladé después a Estados Unidos donde realicé dos estancias postdoctorales: en la Universidad de Michigan, con el Prof Lewis J. Kleinsmith, donde aprendí las bases de la ingeniería genética, y en el Masachussetts Institute of Technology (MIT) con el Prof. Malcolm L. Gefter, donde me incorporé a un proyecto en colaboración con el Prof. Philip A. Sharp (que acababa de describir el proceso de splicing) y que nos llevó a caracterizar el primer sistema de transcripción in vitro para células eucarióticas. Sin duda, esta última fue una etapa esencial en mi formación científica, por la excelencia del entorno, la talla de los investigadores, y el entusiasmo por acercarme e investigar en un tema totalmente novedoso con quizás los mejores de esa área en aquel momento. Tras regresar al Instituto de Enzimología como becaria postdoctoral, obtuve una plaza de Profesor Titular de Universidad en 1984, incorporándome al Dpto de Bioquímica de la UAM, donde vengo desarrollando mi actividad profesional desde entonces, en el seno del centro mixto Instituto de Investigaciones Biomédicas «Alberto Sols» CSIC-UAM.

Es difícil pensar desde la perspectiva actual que repetiría exactamente todas y cada una de las etapas de mi trayectoria profesional, seguramente cometí muchos errores. En lo esencial creo que si la repetiría, ya que cada una de ellas ha aportado un componente determinante de mi formación que considero multi-disciplinar y han sido importantes, incluso a veces cruciales, para mi trayectoria profesional.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las  características que definen a un buen ivestigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Iniciativa, creatividad, capacidad crítica, entusiasmo, una enorme capacidad de trabajo y buena capacidad de relación con otros científicos.

El principal consejo que daría a los que se inician en la carrera científica es mantener el interés por ahondar en el conocimiento y el entusiasmo en el descubrimiento. Actualmente, existe una enorme presión por obtener publicaciones científicas casi desde el inicio de la formación científica, como elemento esencial para la continuación en la carrera científica. Sin embargo, a menudo se olvida que la formación científica y la carrera investigadora es una auténtica carrera de fondo, y que sin el avituallamiento continuo que proporciona el mantener el interés por descubrir, difícilmente se conseguirá formar un buen/buena científico/científica.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué  consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia?

R.- Hace algo más de 20 años, iniciamos el estudio del papel de las cadherinas, en especial la cadherina-E, en modelos tumorales y poco después en tumores humanos (en colaboración con los Dres. Carlos Gamallo y José Palacios, entonces patólogos del Hospital La Paz de Madrid), asi como sobre las bases moleculares de la regulación de su expresión. Ello nos llevó a caracterizar un mecanismo de represión de cadherina-E y a identificar posteriormente factores represores de su transcripción, como Snail1 (en colaboración con los Dres. Angela M. Nieto y Francisco Portillo), Snail2 y factores bHLH, que a su vez son fuertes inductores del proceso de transición epitelio-mesénquima (TEM). Actualmente, nuestros estudios se centran en investigar diversos mecanismos moleculares que regulan la actividad funcional de estos factores a nivel transcripcional y post-transcriptional, las interrelaciones genéticas y funcionales entre los diferentes factores, así como en entender el papel funcional del proceso de TEM en tumores humanos. Además, estamos interesados en entender la participación de una familia de enzimas, las lisil oxidasas, en este proceso. La relevancia de estos estudios reside en la implicación actual del proceso de TEM y, de forma más general, la plasticidad epitelial en la invasión tumoral y la metástasis.  

P.- ¿Cuál consideraría que ha sido el principal avance científico del siglo XX?

R.- Para mi ha sido, sin duda, el descubrimiento de la doble hélice por Watson y Crick a mediados del siglo XX. Sin ello, ninguno de los conocimientos y avances actuales de la biología molecular y sus aplicaciones hubieran sido posibles. 

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- La carrera científica en sus primeras etapas (formación pre- y post-doctoral) está articulada de manera acorde con otros países de nuestro entorno y, en términos generales, se puede decir que es adecuada. Sin embargo, falta una clara definición en la articulación de la esencial etapa posterior, la incorporación de nuevos investigadores al sistema. Todavía descansa mayoritariamente en procesos de funcionarización en los principales organismos públicos de investigación (CSIC, Universidades), lo que encorseta enormemente y dificulta la incorporación de jóvenes investigadores. Ello conlleva además, en la mayoría de casos, la incorporación de líneas de investigación independientes, lo que dificulta además el mantenimiento de muchos grupos de investigación con una masa crítica adecuada para la investigación científica actual en nuestra área. En mi opinión, se debería realizar un verdadero esfuerzo por flexibilizar las vías de incorporación de personal científico, mediante sistemas adecuados de contratación, a la vez que ampliar las posibilidades de acceder a la carrera científica, bien como investigadores independientes o bien como investigadores colaboradores en el seno de un grupo establecido. Este tipo de fórmulas funcionan adecuadamente en otros países de nuestro entorno y las deberíamos imitar.