Nuestros científicos

Entrevista a Miguel Alcalde

P. ¿Cuándo surgió su vocación científica? ¿Le influyó alguien de forma especial?

R. La biología me enamoró desde pequeño, insectos, plantas, células… en genera comprender el comportamiento de sistemas complejos. Si bien definir mi trayectoria es complicado (Licenciado en Biología especialidad Botánica, Tesina de Licenciatura en Fisiología Vegetal, Tesis Doctoral en Biocatálisis Aplicada..) finalmente mi verdadera vocación científica surgió durante el postdoctorado en el California Institute of Technology (CALTECH), en un ámbito de estudio que realmente me apasiona y constituye el centro de mi investigación actual, el diseño genético de enzimas para sus aplicaciones biotecnológicas. En este sentido la persona que mayor influencia y repercusión ha tenido en mi trayectoria científica ha sido mi mentora en evolución dirigida de enzimas, la Profesora Frances Arnold de CALTECH. La experiencia vivida durante mi postdoctorado con Frances impulsó mi carrera actuando como estimulo, guía e inspiración a lo largo de los años. De Frances recojo su enorme visión, energía y entusiasmo; no menos importante, considero fundamental el aprendizaje inicial con mis directores de Tesis Doctoral los Profesores Antonio Ballesteros y Francisco Plou de los que por encima de todo destaco su gran humanidad y trato cercano con los estudiantes.  De este modo, yo diría que los estudiantes de mi laboratorio reciben una mezcla de ambas filosofías: Para mi es prioritario que el estudiante disfrute con lo que hace, que se sienta implicado y respaldado para que sea productivo y pueda así labrarse un futuro científico, siempre primando la calidad de la investigación sobre la cantidad.

P. ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R. Desde mi perspectiva, un buen investigador tiene que ser una persona sobre todo honesta, pero también observadora, meticulosa, tenaz y proactiva. Que para cada problema plantee varias posibles soluciones, que tenga iniciativa, capacidad de gestión y liderazgo. Que se preocupe por las personas de su grupo, de su formación, para que disfruten de su actividad investigadora, y que transmita un mensaje que deje huella en las personas que forma, un legado, que cree escuela.

Como consejo a aquellos que inician la aventura científica, les recomendaría que busquen un tema de investigación que les llene y que vayan a por él. Que vivan el día a día, que disfruten del viaje, porque en el fondo los investigadores somos estudiantes de por vida, el compromiso con la ciencia así lo exige.

P. ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional? ¿La repetiría en su totalidad?

R. Mi trayectoria científica comenzó pronto, a comienzos de tercero de carrera ingresé en el grupo de la Catedrática María Eugenia Ron del Departamento de Biología Vegetal de la UCM como tesinando para estudiar el crecimiento de protonemas de esporas de musgos. Fue una etapa muy bonita, ilusionante. A María Eugenia le debo mi iniciación a la investigación. Posteriormente, tras acabar la Licenciatura en Biología y leer la Tesina, me incorporé al grupo del Prof. Ballesteros en el Instituto de Catálisis del CSIC. En ese momento, me comprometí a cambiar de ámbito de estudio, desde la fisiología vegetal/botánica hacia la enzimología/biocatálisis aplicada. Disfruté durante esos años de una gran experiencia, aprendiendo sobre enzimas y biocatálisis aplicada, si bien las herramientas que teníamos para manipular enzimas (mejorarlas para diferentes aplicaciones biotecnológicas) eran por aquel entonces muy limitadas. Esto cambió en mi etapa postdoctoral, donde tuve la enorme suerte de ser aceptado por el grupo de Frances Arnold de CALTECH, que en aquellos años comenzaba a darle forma al concepto de evolución dirigida de enzimas. Esos años en California cambiaron mi vida. Encontré el foco, la motivación e ilusión para profundizar en una herramienta que revolucionaría la forma de diseñar enzimas (como demuestra el reciente premio Nobel en Química que recibió Frances por su invención). Regresé a España con la mochila cargada de ideas y con el incondicional apoyo de Antonio Ballesteros y Francisco Plou, que me permitieron empezar a desarrollar mis primeros experimentos de evolución dirigida en su grupo. Así, conseguí un contrato Ramón y Cajal que me condujo finalmente obtener una posición como Científico del CSIC. El resto fue un disfrute continuo, montar tu propio laboratorio de evolución dirigida, poco a poco, en base a subvenciones, contratos, muchos proyectos y un poco suerte. En todos estos años, he intentado transmitir a mis estudiantes la ilusión por la investigación que desarrollamos, esa ha sido mi prioridad, por encima de todo. En el punto en el que me encuentro ahora, podría decir que ha sido una carrera bonita y exitosa, pero no ausente de obstáculos. Una de las cosas que más me preocupaban, la transferencia de tecnología, también se ha cumplido con creces en base a patentes, desarrollos de proyectos para diferentes industrias, y de manera muy especial, con la creación de nuestro spin-off, EvoEnzyme, una apuesta muy personal de la que me siento particularmente orgulloso y con la que estamos cumpliendo un sueño, al permitir abodar desarrollos que en el ambiente académico no siempre es posible, y salida laboral a los estudiantes más sobresalientes de mi grupo del CSIC. No cambiaría nada de mis decisiones profesionales, me considero un gran afortunado.  

P. ¿Podría describirnos brevemente en que consiste su línea de investigación actual y cuál es su trascendencia? ¿Cómo ve el futuro de esta área científica?

R. Mi línea de trabajo entra de lleno en el campo de la biología sintética, en particular en el diseño de enzimas para aplicaciones energéticas, medioambientales e industriales mediante una herramienta que ha supuesto una revolución biotecnológica y que se conoce como evolución dirigida. Trabajamos en mejorar enzimas en diversos ámbitos aplicando procesos de evolución molecular a la carta en el laboratorio. El futuro de esta área de investigación está en constante desarrollo, y con el auge de los métodos predictivos y la aplicación de procesos de inteligencia artificial, en lo años venideros dispondremos de un portafolio de enzimas evolucionadas que contribuirán a tener un planeta más sostenible.

P. ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado? ¿Cuál ha sido su mayor sorpresa en el área de investigación en que trabaja?

R. En mi campo de trabajo, los avances producidos en evolución dirigida en los últimos 20 años son muy relevantes (desde los métodos de generación de diversidad genética basados en procesos de recombinación de DNA hasta el desarrollo de sofisticados métodos de ultra-high-throughput screening). 

Más recientemente, tanto el descubrimiento de herramientas para la edición de genomas por CRISP -Cas9, como el  auge computacional de determinación in silico de estructuras tridimensionales de proteínas mediante el uso de inteligencia artificial (AlphaFold2), van a contribuir a la universalización de la biología sintética para la solución de problemas de muy diversa índole.

P. ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España? ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R. Tengo el privilegio de ver como funciona el sistema de I+D en nuestro país, tanto desde fuera (como “sufridor”/investigador), como desde dentro al actuar como gestor de la Agencia Estatal de Investigación (AEI). Creo que el sistema es mejorable. En la AEI se lleva a cabo un esfuerzo encomiable para la distribución de los mínimos recursos disponibles en comparación con nuestros socios europeos, pero considero que hace falta una revisión del modelo, uno que sea más independiente de los gobiernos entrantes y/o salientes. La AEI debería disfrutar de partidas presupuestarias definidas y crecientes, comunes por compromiso de todos los partidos políticos. La politización de la ciencia es un drama, una pérdida de recursos y personas, que se forman y no vuelven, un retroceso que gira entorno a una improvisación muy dañina. Asimismo, el crear un tejido industrial sustentado en I+D es clave para cualquier país que se antoje competitivo. Si bien se está haciendo una apuesta por parte de los gobiernos autonómicos y nacional para una proliferación mas bien desordenada de startups tecnológicas, no existe una hoja de ruta clara.