Acércate a...

Entrevista a Ricardo Sánchez Prieto

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Mi vocación científica de forma profesional surge al empezar mis estudios de Ciencias Biológicas, aunque desde pequeño los microscopios, el estudio de los animales y la observación de la naturaleza siempre me llamaron la atención. De esa época, entre los 10 y 18 años, recuerdo cosas como asistir a la defensa de la tesis de un hermano mayor en el campo de la Farmacología (presentación en diapositivas azules y blancas, mi hermano con la máquina de escribir y haciendo gráficas en papel cebolla), o una serie de TVE («Ramón y Cajal: historia de una voluntad» (1982).Ese mismo año mis padres me regalaron un microscopio que aún conservo. Al empezar mis estudios de Biología tenía claro que me quería dedicar a investigar y cuando mis profesores de la carrera, especialmente en 4º y 5º curso, comentaban alguna vez de forma breve los proyectos de sus laboratorios, me animaban más y más. Imagino que mi vocación científica es un cúmulo de circunstancias que me llevaron a dedicarme de forma profesional a la investigación y no un evento concreto.

P.- ¿Recibió de joven algún consejo?

R.- He recibido muchos consejos a lo largo de mi vida profesional, pero hay dos que me dieron al comenzar mi carrera y que he procurado seguir. El primero es disfrutar con este trabajo. Si te levantas y no te apetece ir al laboratorio algo falla. Es un trabajo duro (imagino que como casi todos), pero tiene grandes recompensas. El segundo es que no hay experimento malo. De todos algo se puede concluir. Si hay un fallo en el protocolo, o en un reactivo, ya es una conclusión, y si el resultado es claro, pero no es el esperado, algo nos quiere decir sobre nuestra hipótesis de partida.

P.- ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Es muy difícil dar un consejo general, creo que cada persona es única y no se puede generalizar. No obstante, creo que hay dos cosas que sí se deben enseñar a cualquier joven investigador que esté empezando su carrera científica en un laboratorio (master, doctorado). La primera es una cita atribuida a Thomas Alva Edison: “Un 99% de nuestra carrera es transpiración (trabajo duro) y un 1% inspiración”. Esto significa que el 99% de nuestra carrera profesional lo controlamos nosotros. La segunda, mucha más práctica, es que el mejor laboratorio está en la biblioteca. Leer artículos, libros, etc. puede ahorrarnos mucho tiempo en el laboratorio haciendo experimentos que no nos permiten avanzar y nos desgastan porque ya están hechos o porque los hemos diseñado mal. En resumen, si empiezas en investigación tienes que aprender a sudar en el laboratorio y en la biblioteca.

P.- ¿Cuál ha sido el principal avance del siglo XX?

R.- Sin duda el siglo pasado presentó muchos avances en todos los campos de la ciencia. La demostración de que el ADN es el material genético es sin duda uno de los puntos clave en la biología molecular, ya que es la base para todas las técnicas actuales de ingeniería genética, desde el clonaje hasta las más modernas técnicas de edición genética. Pero creo que lo que más nos ha cambiado la vida en general ha sido el mundo de las telecomunicaciones. La aparición de internet ha revolucionado nuestra vida y, en el caso concreto de la investigación biológica, ha permitido la ruptura de barreras físicas que dificultaban, o al menos enlentecían, el progreso de la investigación. Hoy en día todos tenemos colaboradores que están a miles de kilómetros, podemos acceder en segundos a bases de datos que nos permiten ver los trabajos de investigación de otros grupos, estudios clínicos, hasta experimentos concretos que permiten un avance más rápido y fiable de la investigación.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- La realidad es que la carrera científica en España está basada en la excelencia y el mérito de forma mayoritaria, por lo menos en la investigación académica, que es la que mejor conozco. Buena prueba de ello es que los postdoctorales españoles están muy bien considerados fuera de nuestras fronteras. Nuestros grupos de investigación tienen un nivel más que aceptable y en muchos casos son referencia en su campo de trabajo. En las plazas/contratos de investigador los candidatos tienen unos CV de media muy alta y, en la mayoría de los casos, excelentes. Pero, en mi opinión el sistema tiene un fallo grande con la falta de posiciones intermedias que disfruten de cierta independencia, estabilidad y reconocimiento. Creo que figuras como el lab manager (gestor del laboratorio), el investigador postdoctoral con una posición estable, o los técnicos de laboratorio estables son claves para poder crear grupos competitivos y seguir avanzando. De esta forma, se permitiría que los grupos no dependan en exclusiva de personas como estudiantes de master, doctorado o postdoctorales, muy importantes en la estructura de cualquier laboratorio, pero con fecha de caducidad en sus contratos o becas. Creo que deberíamos copiar el modelo de muchos de nuestros vecinos, donde abundan las posiciones intermedias y que garantizan la carrera profesional en función de los objetivos que cada investigador se plantea. Es importante que la carrera científica se base en los méritos, pero no creo que sea conveniente un sistema que no admite posiciones intermedias y solo unos pocos puedan dedicarse con cierta tranquilidad a investigar. Es más, son justo esas posiciones intermedias las que permiten a los grupos mantener una línea sólida y estable.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en ciencia e innovación en nuestro país?

R.- La ciencia en España presenta muchos problemas. Para mí hay dos temas que debemos solventar lo antes posible. La financiación pública y la comunicación entre los científicos y la sociedad.
El tema de la financiación es, en mi opinión, uno de los más graves y que puede suavizar muchos otros problemas de la ciencia en España. Creo que los investigadores somos el único colectivo en el que tienes que justificar los medios que vas a necesitar desde el minuto uno. No creo que ningún trabajador público tenga que hacer solicitudes para justificar las herramientas de trabajo. Así, no creo que un jardinero de ningún ayuntamiento tenga que hacer un proyecto para justificar que necesita útiles para el cuidado de plantas y árboles en parques públicos o un administrativo los útiles de escritorio, ordenador, etc. Los que nos dedicamos a investigar, al menos cada 2-3 años, tenemos que volver a justificar el gasto en anticuerpos, material de cultivo celular, enzimas, animales de laboratorio, etc. Esta situación es especialmente dura para la gente que tiene que establecerse y arrancar. Creo que este problema se podría solucionar en una buena parte garantizando un mínimo anual que permita la actividad investigadora y cuya justificación sea automática mediante la evaluación de publicaciones, tesis, congresos, etc. Por supuesto, si alguien pide más debe justificarlo, pero hay que evitar a toda costa tener investigadores mano sobre mano por falta de un mínimo de financiación. Para ello, es fundamental que los presupuestos de investigación sean independientes de vaivenes políticos y dependan de instituciones más estables y con un alto grado de autonomía respecto al poder político. No significa esto que la investigación sea una actividad que no deba fiscalizarse, todo lo contrario. Los investigadores, especialmente los académicos, gestionamos dinero público y como tal debe someterse al más alto grado de fiscalización, pero su concesión y uso presenta diferencias con otras actividades de la administración. En resumen, conseguir una posición estable en España como investigador es difícil, me atrevería a decir que muy difícil pero, una vez conseguida, la falta de unos medios mínimos puede hacer que gente muy brillante se apague.

En cuanto a la comunicación entre ciencia y sociedad, creo que los científicos tenemos mucha culpa de la falta de interés de la sociedad por nuestro trabajo. Es curioso, porque la de investigador es una de las profesiones mejor valoradas por la sociedad, pero los científicos no sabemos trasladar a la sociedad lo que hacemos y cómo puede ser beneficioso un mayor conocimiento de la naturaleza. En los últimos años, se ha realizado un esfuerzo grande por parte de distintos organismos públicos para la creación de eventos, tales como la Semana de la Ciencia o la reciente Pint of Science. Este tipo de iniciativas, muy exitosas, por lo general, presentan grandes ventajas. Por ejemplo, permite en muchos casos, especialmente entre adolescentes, despertar vocaciones científicas que estaban dormidas, acercar al ciudadano a los científicos y permite darse cuenta de por qué es importante que parte de sus impuestos se gasten en investigación, incluso puede despertar acciones de mecenazgo. Este tipo de iniciativas son sin duda muy importantes, pero no estaría tampoco de más que los jóvenes investigadores adquirieran competencias en comunicación que permitirían sin duda hacer más visible la labor social de la investigación.