Acércate a...

Entrevista a Balbino Alarcón

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Desde muy pequeño, desde antes de que los Reyes me trajeran el QuimiCefa. Estaba fascinado por la química y su poder de cambiar cosas. Hacía mezclas: azúcar, extractos de plantas (hojas machacadas), algo de azul para la ropa… Quería obtener un insecticida con el que combatir las numerosas hormigas que invadían nuestra casa. Más tarde vino el interés por las enfermedades. Había frases lapidarias sobre algún vecino que había muerto, del tipo «se la vuelto la sangre agua…», que te removían las entrañas. Supongo que de ambas preocupaciones surgió mi interés por la ciencia en general y por la bioquímica y biomedicina en particular. 

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador? ¿Qué consejo daría a los que ahora inician su carrera científica?

R.- Desde mi punto de vista son fundamentales la intuición y la persistencia. La mayor parte de los descubrimientos se hacen de forma casual y no como resultado de un plan establecido. Hay que estar preparados para ver aquellos resultados que no se pueden explicar con las teorías existentes, estar dispuestos a formular hipótesis alternativas y a diseñar experimentos que las respalden o las refuten. El proceso es largo y frustrante en el 90% del trabajo, pero puede rendir frutos interesantes. A los que se están planteando iniciar una carrera científica les diría que primero se planteen si realmente les gusta ésto. Esta es una carrera vocacional, de fondo. Compensa si te gusta lo que haces, si no es mejor dedicarse a otra cosa, seguro que da más dinero y menos sinsabores. Ahora, si te gusta, es el mejor de los trabajos porque muy poca gente tiene la oportunidad de poder explorar el límite de lo conocido. La ciencia es hoy en día lo que el mundo a los exploradores de siglos pasados.

P.- ¿Podría describirnos brevemente en qué consiste su línea de investigación actual y cuál es su transcendencia?

R.- Los linfocitos T juegan un papel fundamental en la regulación de la respuesta inmunitaria tanto innata como adaptativa. Estas células reconocen como extrañas substancias (antígenos) a través de un receptor preparado para reconocer cada uno de los antígenos posibles y que se denomina TCR (de sus siglas en inglés). El TCR es por lo tanto fundamental en el reconocimiento y eliminación de antígenos nocivos procedentes de virus, bacterias, hongos y parásitos, como en la respuesta alérgicas contra antígenos no nocivos (por ejemplo pólenes) y en las enfermedades autoinmunes, donde responde a moléculas propias que son vistas como antígenos por los linfocitos T. Nuestra línea de investigación se ha basado tradicionalmente en el estudio de cuáles son los mecanismos intramoleculares de transmisión se señales de activación por el TCR y cuáles son las proteínas intracelulares que se unen al TCR y transmiten esas señales. Nuestras investigaciones nos han llevado recientemente al descubrimiento de que el oncogen TC21 de la familia de Ras se asocia directamente al TCR y ésto a su vez nos ha llevado a dividir nuestro interés entre el estudio del TCR y el papel de la interacción TCR-TC21 en la función de los linfocitos T y, ya fuera del ámbito de la inmunología, en el estudio mismo de TC21 en cuanto a su relevancia en cáncer.

P.- ¿Cuál es el avance científico que más le ha impresionado?

R.- Hay muchos. Cualquier trabajo está basado en todos los anteriores. Me maravillan aquellos modelos que se formularon en un tiempo cuando la capacidad tecnológica no estaba tan desarrollada. La tecnología es importantísima en el desarrollo de la ciencia, pero me quedo con los científicos capaces de hacer propuestas más allá de lo técnicamente obvio. Me apasiona el modelo del operón de Jacob y Monod y, más cerca de mi área de experiencia, la propuesta de reconocimiento de «lo propio modificado» como base del reconocimiento de los antígenos por parte de los linfocitos T por parte de Zinkernagel y Doherty, bien antes de que se pudiera determinar por cristalografía de rayos X que existen unas moléculas propias (el MHC) que tienen una cavidad donde encaja un péptido derivado del antígeno y que la modifica.

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Es un desastre. Es difícil intentar mantener la ilusión de los que trabajan contigo cuando nunca se tiene una idea de que es lo que puede pasar más allá de 3 ó 5 años. Estamos inmersos en un sistema funcionarial donde el científico que no saca una oposición no tiene nada, mientras que el científico que ya tiene una oposición puede fácilmente perder las ganas porque el hacer funcionar su proyecto y su laboratorio le aporta quebraderos de cabeza. El sistema por un lado desmotiva a los jóvenes a los que no se les da una idea clara de los pasos que tienen que seguir y de las alternativas existentes en caso de fracaso. Por otro, desmotiva a los consolidados porque no nos incentiva para luchar más. Por ahora, después de hacer la tesis, una o dos estancias postdoctorales en España y fuera de España, tener un contrato postdoctoral tipo Ramón y Cajal, si no has sacado una oposición a Científico Titular en el CSIC, no tienes nada. En algunas universidades sí que están dando contratos indefinidos a investigadores que han acabado su contrato Ramón y Cajal, pero no sé cómo de extendido es el fenómeno. Creo que no todos los investigadores tienen porqué convertirse en líderes de grupo para poder tener un trabajo estable. Hay investigadores perfectamente válidos, que hacen un gran trabajo con sus propias manos y que tienen buenos conocimientos y buenas ideas, pero que no necesariamente sirven para liderar un grupo de investigación. Quizás sería mejor tener un sistema progresivo en la carrera científica, siempre basado en el mérito, donde existan apeaderos en distintos niveles y dónde una posición funcionarial ó equivalente, sólo se alcance a una edad muy madura. El salario debería ir también muy ligado al mérito, más que a la antigüedad.

P.- ¿Qué camino queda por recorrer en Ciencia e Innovación en nuestro país?

R.- Creo que en investigación básica hemos conseguido un buen nivel que debemos potenciar dentro de las posibilidades de los presupuestos. Estamos en un país periférico, alejado de los centros de investigación y editoriales que marcan tendencia, en Estados Unidos sobre todo. No obstante, estamos haciendo un buen papel, si no con ganadores de Tours, sí dentro del pelotón. La gran asignatura pendiente es sin embargo la investigación privada. En otros países, la industria absorbe a la mayor parte de los investigadores. La debilidad de nuestro tejido industrial hace que la salida a la industria farmaceútica o biotecnológica sea muy limitada. No sé cómo se puede solucionar ésto, si no es a base de convencer a nuestros inversores de que deben arriesgar en estos sectores, que son prioritarios para nuestro bienestar futuro.