Acércate a...

Entrevista a Alberto Anel

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Desde muy temprano, pero recuerdo un episodio que me acabó empujando hacia la Biología. A la edad de 12 años solía frecuentar una pequeña biblioteca pública que había en mi barrio, las Delicias, un barrio obrero y popular de Zaragoza, y allí cayó en mis manos un libro de fotografías de microscopía electrónica de barrido, donde se podía ver «casi en 3D» fotografías de células, de macrófagos fagocitando bacterias, de linfocitos dividiéndose, etc… Me pareció algo tan espectacular que desde entonces mi curiosidad por ese fantástico mundo microscópico empujó mi orientación científica.

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial? 

R.- Me influyeron muy positivamente mi profesor de Ciencias Naturales de BUP, Domingo Usón, y mi profesor de Biología en COU, don Ricardo, ambos del Colegio La Salle Gran Vía en Zaragoza. 

P.- ¿Recibió de joven algún consejo al cual sigue siendo fiel?

R.- Mis padres, que regentaban un bar-restaurante, siempre me apoyaron al 100%, me empujaron a que estudiara y me aconsejaron siempre que estudiara lo que más me gustara. Y ese último consejo es muy importante en nuestra profesión.

P.- ¿Qué consejo daría a los que inician ahora su carrera científica?

R.- Pues ese mismo consejo, que estudien lo que más atractivo les parezca. Sobre todo si uno quiere ser científico, ha de saber que la buena ciencia sólo puede surgir de la pasión de quienes la hacen (aunque si esto está acompañado por buenos medios materiales, mejor, claro). Pero no hay nada como la emoción de ver el resultado del siguiente experimento, aunque tu jefe te diga aquello que me decía el mío en mi primer postdoc: «Too good to be true. Repeat once again….»

P.- ¿Cuál es su opinión sobre cómo está articulada la carrera científica en España?

R.- Hemos mejorado mucho en los últimos 20 años, pero todavía no hemos alcanzado los niveles de otros países desarrollados, por una parte porque la inversión pública sigue siendo menor y también porque a las empresas españolas les falta una tradición de confianza y de inversión en la I+D. Por otra parte, gran parte de la investigación sigue haciéndose en la Universidades, liderada por profesores con mucha carga docente y de gestión, y se basa en la gran voluntariedad de estas personas. Pero no es realista pensar que lo que se supone que «nos va a sacar de la crisis y va a cambiar el modelo productivo del país» (políticos dixit) dependa en gran medida de la voluntariedad de determinadas personas, que no ven su actividad recompensada a nivel personal y que en algunos casos acaban por tirar la toalla. Finalmente, las apuestas que se han hecho últimamente por centros de investigación concretos han funcionado muy bien en algunos casos, como en el caso del CNIO y el CRG, pero hay otras iniciativas que se han basado en modas y en personalismos, que han seguido criterios políticos más que científicos a la hora de establecerse, y que no están rindiendo los frutos que se esperaría de la inversión realizada. Habría que aumentar y racionalizar la inversión y exigir criterios científicos en la toma de decisiones.