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Entrevista a Abelardo López Rivas

P.- ¿Cuándo surgió su vocación científica?

R.- Aparte de la curiosidad natural que como niños tenemos por entender el funcionamiento de las máquinas y conocer mejor la naturaleza, es difícil, en mi caso, identificar una etapa temprana de mi vida en la que mostrara una clara inclinación por la investigación científica. Yo diría más bien, que ésta se desarrolló de una manera progresiva, y fue ya en la Universidad cuando definitivamente llegué al convencimiento de que quería dedicarme a la Biología y a investigar, porque era lo que de verdad me apasionaba. . 

P.- ¿Le influyó alguien de forma especial?

R.- Los mejores consejos y, sobre todo, el apoyo que he recibido en los momentos en que uno define cuál quiere ser su trayectoria futura, siempre han venido de mi familia. La generosidad que han demostrado en todo momento, el apoyo recibido y el coraje para enfrentarse a situaciones complicadas han modelado mi carácter en el desarrollo de mi carrera investigadora.

P.- ¿Podría resumirnos brevemente su trayectoria profesional?

R.- Tras finalizar la Licenciatura en Biología en la Universidad de Sevilla, en el año 1977 me trasladé al Centro de Biología Molecular, en la Universidad Autónoma de Madrid para realizar la Tesis Doctoral en el laboratorio de Enrique Palacián, sobre la modificación química de proteínas del ribosoma bacteriano y sus efectos sobre la biosíntesis de proteínas. Esta etapa de inmersión en la investigación contribuyó de manera importante a mi formación en Bioquímica. Finalizada la Tesis Doctoral, decidí hacer un cambio importante en mi trayectoria investigadora y estudiar los mecanismos moleculares que llevan a una célula animal a crecer y proliferar en respuesta a factores de crecimiento, en el laboratorio de Enrique Rozengurt en el Imperial Cancer Research Fund en Londres, grupo pionero en la investigación de la señalización temprana de la proliferación por factores de crecimiento. Fueron unos años fascinantes, en los que demostramos que los factores de crecimiento, tras su unión a receptores celulares específicos, activaban señales iónicas tempranas entre las que se encontraban la liberación de calcio del retículo endoplásmico. Estas observaciones se confirmaron mas tarde por otros grupos y dieron lugar a un área de investigación sobre el metabolismo de fosfolípidos y la señalización por factores de crecimiento, que ha sido fundamental en el conocimiento de los mecanismos tempranos de control de la proliferación de células animales. A finales de 1983 regresé al Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en Madrid, donde participé en el laboratorio de Luis Carrasco en el estudio de la señalización iónica temprana en la infección de células animales por poliovirus. En este periodo también inicié una línea de investigación sobre los mecanismos de señalización de la proliferación por la interleuquina-2, factor de crecimiento esencial de los linfocitos T. En el transcurso de estos trabajos observé la estricta dependencia de estas células de la interleuquina-2, no solo como mitógeno, sino también como factor de supervivencia, lo que me llevó en 1987, al incorporarme como grupo independiente en el Instituto de Investigaciones Biomédicas «Alberto Sols» de Madrid, a desarrollar un proyecto sobre muerte celular por apoptosis en el sistema hematopoyético. Como la movilidad ha sido una característica de mi carrera investigadora, en 1992 me trasladé al Instituto de Parasitología y Biomedicina del CSIC en Granada donde, hasta 2004, nuestra línea de trabajo en muerte celular evolucionó desde los estudios iniciales en células del sistema inmune hacia proyectos relacionados con el control de la señalización de apoptosis por receptores de muerte celular en células tumorales, que continúa siendo en la actualidad el núcleo fundamental de la investigación de mi grupo en Sevilla.

P.- ¿Cuáles son desde su punto de vista las características que definen a un buen investigador?

R.- Intuición, perseverancia, gran capacidad autocrítica y honradez. A estas cualidades, a mi entender fundamentales, habría que añadir unas buenas dosis de capacidad para trabajar en equipo y atrevimiento para emprender proyectos innovadores. Esto último, no obstante, está bastante condicionado por las posibilidades de conseguir financiación, basadas en la mayoría de los casos en la productividad científica a corto plazo..  

P.- ¿Podría describirnos brevemente en que consiste su línea de investigación actual y cual es su trascendencia?

R.- El ligando de muerte celular TRAIL es una proteína de la familia del factor de necrosis tumoral (TNF), que induce muerte celular por apoptosis, preferentemente en células tumorales. Esta especificidad de acción proapoptótica sobre células tumorales ha promovido su utilización como herramienta terapéutica antitumoral, que está siendo evaluada en la actualidad en diversos ensayos clínicos. Es, no obstante, sorprendente que a pesar de estos ensayos clínicos, aún se desconocen las bases moleculares responsables de esta sensibilidad diferencial de las células tumorales frente a las normales. Por ello, y teniendo en cuenta que en estos ensayos se están utilizando terapias combinadas de agonistas de los receptores de TRAIL con otros fármacos antitumorales, es esencial identificar los mecanismos de la resistencia de células normales a TRAIL para descartar aquellos tratamientos combinados basados en TRAIL que pueden tener elevada toxicidad en tejidos normales. En los últimos años nuestra línea de investigación se ha centrado en conocer los mecanismos que regulan la señalización de apoptosis por TRAIL en células tumorales e identificar la señalización intracelular responsable de la resistencia de células no tumorales a este ligando. 

P.- ¿Cuál es su opinión sobre como esta articulada la carrera científica en España?

R.- Al menos en el área de la Biomedicina, que es la conozco, es claro que en los últimos 25 años la investigación científica en España ha pasado de ser una actividad casi testimonial a adquirir una notable relevancia en cuanto a número y calidad de los grupos que trabajan en este área. A esto ha contribuido, sin duda, el incremento en los fondos para investigar, la creación de grandes centros y los diversos programas de contratación de investigadores posdoctorales. Sin embargo, la consolidación de los grupos de investigación no es posible si no existen mecanismos que aseguren, con la necesaria evaluación, la continuidad en la financiación de los mismos y una estructura estable en recursos humanos del grupo. Esto último es, a mi entender, el talón de Aquiles del progreso de la ciencia en este país. Es decir, la falta de una carrera investigadora, en la que, además de las posiciones de científicos responsables de grupos, existan posiciones estables para investigadores posdoctorales y técnicos, que desempeñen una función de apoyo y den la necesaria continuidad a los grupos, es un obstáculo enorme en el desarrollo de la investigación científica. Esto es muy evidente en organismos como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde nos encontramos con que los grupos están fundamentalmente constituidos, además del científico de plantilla, por investigadores predoctorales y continuamente expuestos a una renovación completa cada 3-4 años, lo que hace muy difícil plantear proyectos innovadores y de cierto riesgo. Esto dicho desde la perspectiva de un responsable de grupo, con una posición estable. Evidentemente esta problemática, vista desde la posición de los investigadores jóvenes afectados por esta falta de horizontes claros, es muy desalentadora y demanda soluciones estructurales que eviten, no ya el estancamiento, sino incluso el retroceso científico que puede ocurrir si no se adoptan las mismas.