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Gigantes… y cabezudos

En la ciencia se utiliza mucho la expresión “enanos sentados en los hombros de gigantes” para referirse a la deuda que los científicos tienen con sus antecesores. 

  • Félix M. Goñi

  • Presidente SEBBM

Es posible que a los lectores de más edad les suene el título de la zarzuela de ambiente aragonés Gigantes y cabezudos, que con libreto de Miguel Echegaray y música del maestro Fernández Caballero se estrenó en 1898 y estuvo presente en teatros y emisoras de radio españolas hasta que el festival de Benidorm, y otras calamidades cósmicas, afligieron a este pobre país llamado “el país”. Pero como no escribo para los viejos, sino para los jóvenes, no hay miedo de que se confundan con zarzuelas u otras antiguallas. Cuando titulo Gigantes… y cabezudos es, mira por dónde, porque voy a hablar de gigantes… y de cabezudos.

 

En la ciencia se utiliza mucho la expresión “enanos sentados en los hombros de gigantes” para referirse a la deuda que los científicos tienen con sus antecesores. En concreto Isaac Newton (1643-1727) parece haberla utilizado en una carta a Robert Hooke (1635-1703). Hoy voy a hablar de gigantes, aunque sean algo menos gigantescos que Don Isaac. Esto no debe preocuparnos, porque si según los matemáticos existen infinitos de distinto orden, con mucha más razón habrá sus más y sus menos en la estirpe gigantea. Los gigantes a los que me refiero, y a los que ya me referí en mi primer discurso como presidente de la SEBBM, son los padres de la Sociedad, los que, en condiciones inimaginablemente adversas, sacaron adelante a la Sociedad Española de Bioquímica, y, mucho más importante, sacaron adelante a la bioquímica española.

 

En la lista de todos mis predecesores en la presidencia de la SEBBM, de manera rigurosamente arbitraria distingo dos grupos, que más o menos vienen a corresponder a los de mi generación (con un error de más/menos 10 años), y a los anteriores (con parecido error). Es decir, por una parte tenemos a Joan Guinovart y sus sucesores, y por otra a los Alberto Sols y continuadores, hasta Carlos Gancedo (perdona, Carlos, pero tenía que poner la línea en alguno). Estos últimos son los que yo llamo los gigantes de la bioquímica española. Son gigantes en varios de los sentidos que a esta palabra da el diccionario RAE. En la acepción 4, gigante es la persona que excede mucho en su estatura a la que se considera normal. Hablamos aquí, naturalmente, de estatura espiritual. En la acepción 6, gigante es la persona que destaca extraordinariamente en una actividad o posee una cualidad en grado muy elevado. Pero sobre todo me interesa aquí la tercera acepción, tan oportuna en este año cervantino y quijotesco. Según el diccionario, un gigante es un ser fabuloso de enorme estatura, con figura humana. Eso, eso mismo son para mí los Sols, Rodríguez Villanueva, Mayor Zaragoza, y sucesores inmediatos. Personas con figura humana, pero fabulosos por su capacidad de sacar de donde no hay, de ordenar el caos, de ponerse al frente de un ejército de perdidos, derrotados y desnortados, y darle a aquello una similitud de orden e, incluso, de ganar algunas batallas significativas en nuestra pequeña historia. 

 

Y ¿quiénes son los Guinovart y continuadores en este retablo? Pues, naturalmente, los cabezudos. Volvamos al maravilloso diccionario antes citado. En segunda acepción, cabezudo es sinónimo de “terco, obstinado”. Por eso en la zarzuela se define a los aragoneses como “gigantes y cabezudos”. Estos jovencitos que han patroneado la Sociedad en los últimos veinte años tienen una virtud maravillosa, la cabezudería, o cabezonería. Son los que no han dejado una piedra por remover para financiar nuestras actividades, son los que se han dejado las uñas tecleando memorias y solicitudes, son los que han buscado nuevos socios, han abierto la sociedad a los más jóvenes, han multiplicado las actividades de la SEBBM… Me paro, que necesito coger aliento. Y todo eso lo han hecho con cabeza, con inteligencia y tesón. Ellos son nuestros gloriosos cabezudos.

 

O sea, que existieron primero unos seres fabulosos, vinieron luego otros de asombrosa laboriosidad, y ahora ha llegado de repente un señor de por ahí arriba, conocido como cantante y “cocinillas”, que pretende ser el sucesor de unos y otros. Que el Señor nos tenga de su mano.


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